De nuevo soñé que
te buscaba…pues ya te había visto en algún sueño pasado…ahora estaba segura que
aparecerías y aquella esperanza me motivaba a recorrer largos caminos en tu
búsqueda.
Aquella seguridad
que eres real, volvió a recordarme a la niña de quince años que imaginaba una y
otra vez aquel momento en dónde tú y yo, nos conoceríamos…y me llené de energía
y comencé a caminar…
No sé porqué
tenía tanta energía y estaba feliz! Podía mentirme y engañarme sin darme
cuenta, podía fingir que vendrías a verme, un instante…un momento…
Todo lo
característico en mí se esfumaba, solo me importaba llegar hasta aquella playa
y verte…¿Cómo describir este sentimiento de plenitud? Es como si de pronto
pudieras percibir la perfección acercarse, rozar levemente los labios, ese
olor…
Pero me detuve, y
a medida que bajaba en tú búsqueda, pude recordar el sin fin de veces que había
hecho exactamente lo mismo… Aquella soledad y frio que hacía cada segundo un
mes…y cada mes una vida completa.
Sentí como se
abría aquel agujero en mi pecho, aquella mancha negra rojiza que palpitaba a
diario, volvía a sentirme exhausta, y a asimilar que la espera solo conlleva
más espera.
Porque no estás,
porque ya han pasado años, y eternidades y no estás! Y no puedo vivir
engañándome que vendrás a completar lo que resta de mi vida aquí.
¡No!
Recordé aquella
imagen eterna esperándote… y me devolví…Comencé a subir por aquella calle
atestada de gente…
Porque yo
regresaré a casa y te veré, porque yo solo anhelo regresar…No buscarte entre la
gente.
